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La Lupa de Ibarra

9 de marzo de 2009

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El empleado y los mismos collares
{sidebar id=255} Si el Real Murcia fuera siquiera la mitad de lo que nos anunciaron allá, por el verano, hoy sumaria varios puntos más. Si la platilla confeccionada fuese sólo un propósito de lo que pretendía, ayer habría aprovechado el buen tiempo para traerse los tres puntos de Elche y aumentar su todavía mermada cuenta, aprovechando las ventajas que le ofreció la prodigalidad de un equipo que conoció tiempos mejores y que, también confeccionado con los pies, ha pagado, como el Murcia el tributo de un cambio de técnico que sólo puede aspirar, como el Murcia, a la salvación de la categoría.
Los directivos murcianos llegaron juntos. / LV Si el Real Murcia fuera siquiera la mitad de lo que nos anunciaron allá, por el verano, hoy sumaria varios puntos más. Si la platilla confeccionada fuese sólo un propósito de lo que pretendía, ayer habría aprovechado el buen tiempo para traerse los tres puntos de Elche y aumentar su todavía mermada cuenta, aprovechando las ventajas que le ofreció la prodigalidad de un equipo que conoció tiempos mejores y que, también confeccionado con los pies, ha pagado, como el Murcia el tributo de un cambio de técnico que sólo puede aspirar, como el Murcia, a la salvación de la categoría. Porque ayer, en el nuevo campo de Altabix, volvió a producirse lo de toda la temporada. Jugadores irregulares, acciones inesperadas, somnolencia en mitad del campo, escasez rematadora y, sobre todo, una debilidad defensiva impropia de un equipo profesional.Pero este año al Murcia y a cualquier otro, se le ha apuntado la ventaja de la mediocridad, que ha servido para enmascarar las limitaciones de los débiles y para igualar los propósitos de los teóricamente fuertes, con lo que la relación entre los nombres y entidad, entre historial y presente, hacen casi imposible el propósito.Por eso ayer, en Elche, el Real Murcia fue incapaz de aprovechar la pobreza balompédica del Elche y, mostrándose superior, exhibiendo mayores merecimientos, mostrando una personalidad más sólida que la de los ilicitanos, no pasó del empate que, sin ser mal resultado, ofrece el demérito de la ocasión perdida. {sidebar id=255} Y eso, lo que ocurrió en tierras ilicitanas, y lo que pasó en los restantes campos, con empates de los de abajo en campos de los de arriba, con victorias mínimas de unos y otros, con relevos a pasitos cortos en los puestos de la tabla, mantuvo la incógnita del futuro inmediato y del destino final, porque la imagen que ofrecen unos y otros, nos dan la medida de media docena de aspirantes al ascenso y de otro número similar para el descenso lo que, lejos de preocuparnos en exceso, hace casi imposible el pronóstico.La llegada del cuarto presidente en tres meses, del quinto en la etapa Samper, ha coincidido con el compromiso de permanecer, lo que no parece un objetivo difícil en un grupo que tiene más aspirantes al descenso que plaza para el cambio de residencia. Se dirá que eso ha ocurrido otras veces, y es cierto, pero a mi me sirve para desterrar, aunque no de forma definitiva, los miedos a la pérdida de categoría porque este año son muchos los que exhiben méritos más que sobrados para perder la categoría y esa es la condición a la que me aferro para eliminar no pocos miedos porque los suscritos a la derrota son más que las derrotas posibles.En Elche, el Murcia Real fue mejor que su anfitrión y tuvo la victoria al alcance de sus botas, pero, una vez más, un fallo garrafal en defensa, una lamentable acción personal (no importa de quién, porque en este equipo cuando no falla uno, yerran los demás) impidió que se vinieran para Murcia los tres puntos que casi les regalaban.En el partido, la mediocridad estaba sobre el césped; el entusiasmo en ese grupo de seguidores que ocupaban la grada, como un aliento permanente; en palco el empleado ascendido a presidente, acompañado de los mismos que en los tres últimos meses han cubierto las ausencias, o se han ausentado, han permanecido, han ascendido, han dimitido, se han marchado y han regresado, inducidos por esa lealtad inquebrantable, por ese apoyo incondicional a quien nunca se ha marchado de donde ejerce el poder omnímodo.En el Real Murcia casi nada ha cambiado. Con la ausencia de Manolo Álvarez, podemos encontrar los mismos collares.
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