
Nada puede con el Real Murcia. Ni una expulsión. Ni dos. Tampoco la visita del segundo en la tabla. El equipo grana ha dejado de sufrir. Ahora tiene un brillo diferente. Cuando gana, porque consigue los puntos; y cuando empata, porque hace que el resultado se parezca más a una victoria que a la igualada. Contra el Hércules se repartieron los puntos, pero el partido dejó un claro ganador: el Real Murcia hizo un trabajo descomunal con nueve futbolistas, serio, sólido y muy compacto, mientras que el Hércules se tambaleó durante treinta minutos, impotente ante la portería de Elía, incapaz de salir airoso de un partido que se le puso de cara.
El Real Murcia sigue sumando y no parece tener fin. Lleva cinco partidos sin perder y de los últimos diez sólo ha perdido uno. Ha superado marcadores en contra, ha remontado partidos y ha aguantado resultados a pesar de las expulsiones. Contra el Hércules no parecía una tarea fácil continuar la suma, pero lo consiguió a base de fe y lucha.
El equipo de Esteban Vigo necesita puntuar con urgencia. El ascenso a Primera está más cerca que nunca y más difícil que antes. Tras dos derrotas consecutivas contra Elche y Las Palmas y después de perder el liderato en manos de la Real Sociedad, al equipo alicantino sólo le quedaba puntuar en la Nueva Condomina. Al final el empate le sabe a derrota porque fue incapaz de aprovechar su superioridad y no tiró ni una vez a puerta.
La categoría es tan engañosa que todo puede girar en unas jornadas. El Hércules está más hundido que nunca y el Real Murcia parece imparable. Todo al revés. Nadie pudo dilucidar con claridad durante los noventa minutos quién es el candido al ascenso y quién el aspirante a mantener la categoría, porque sobre el terreno de juego las diferencias se borraron. En el césped no hubo la distancia que marca la clasificación.
Muy reservón
Desde el principio el Hércules jugó a no arriesgar. Con tres centrocampistas y un delantero prefería no exponer ni comprometer el resultado y al Real Murcia, en teoría el equipo más modesto, no le correspondía mandar en el juego de ataque.
Muchas reservas y tantas precauciones dejaron una primera parte de poco juego, casi ninguna ocasión y mucho control. Un tímido tiro de Del Olmo y una jugada entre Natalio y Chando fueron todo en cuarenta y cinco minutos. Mal presagio para la segunda parte, que parecía abocada al aburrimiento más absoluto.
Pero la igualdad en el juego y las reservas en el ataque duraron muy poco. La culpa la tuvo Iñaki Bea. A un metro del árbitro le asestó un puñetazo a Tiago Gomes que lo mandó directamente al vestuario.
Bea es un jugador impredecible dentro y fuera del terreno de juego. Desde que es titular ha tenido un comportamiento impecable, pero ayer mostró su peor cara y obligó a José González a cambiar todo su esquema. Con un futbolista menos el partido se puso muy cuesta arriba. Pero lo que ya era malo aún se puso peor. Capdevila, gris y sin acierto a lo largo del encuentro, le dio una patada a Kiko Femenía. El árbitro hizo una interpretación demasiado rigurosa y el jugador acompañó a Bea directo a los vestuarios.
A partir de ese momento el equipo de José González fue indestructible. Pasaban los minutos y el Hércules, demasiado estático y sin capacidad de sorpresa, se ahogaba incapaz de superar a su rival. Un trabajo defensivo férreo, a base de fe, músculo y acierto le regaló al Real Murcia un punto cuando todo parecía perdido. El equipo grana no se rinde. Suma puntos y asciende posiciones.














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